Durante estos años hemos convivido con una crisis económica todavía de consecuencias impredecibles. El desmantelamiento del sistema de bienestar tiene un coste humano muy importante. Todos lo notamos, pero las personas vulnerables, más todavía.

El presente se quebró en un futuro incognoscible y las fronteras de la desigualdad cambiaron el mapa de la sociedad. Hoy, hablamos de la crisis, de la emigración, el desempleo y los desahucios como si ya no nos afectaran. Pero las consecuencias que vivenciaron las familias no se valoraron y muchas, ni se dijeron. Decía Galeano que «de los pobres lo sabemos absolutamente todo» salvo lo que no se dice. Y es cierto. Olvidamos, convenientemente, que una familia que ha sufrido un desahucio, durante meses, convive con el miedo y la decepción al no encontrar trabajo y verse obligada a recurrir al sistema público, a la familia, a los amigos o ha buscado soluciones que no han aparecido y se ha quebrado al no encontrar. Tanta desilusión hay que reubicarla, no solo en los adultos, también en los niños que escuchan y se afectan por todo aquello que no se dice en voz alta y no pueden entender. Así, perder su casa es ya no tener un lugar propio y, de alguna manera, caer del nido. Existen nidos en los árboles, en las rocas o en la tierra y todas las especies saben que la crianza se anida en un lugar que permite enraizarse y vivir. Sin un lugar, el yo y el mundo dejan de tener sentido. Y cuando los vínculos se fragilizan por la pérdida de la vivienda, los procesos socializadores de los niños entran en crisis y su precarización conlleva un desarraigo en el presente y posiblemente, en el futuro.

Necesitan saber y sentir que su entorno permanece aún cuando no están en él. Pues un «nido» es, no solo un espacio de crianza, sino un lugar para ser en un proceso compartido y acompañado por adultos. Y no es solo una necesidad, es un derecho que hay que reivindicar.

 

Vita Martínez Vérez, doctora en Sociología y profesora de la UNED. Javier Abad Molina, artista visual y doctor en Bellas Artes Artes

 

VITA MARTÍNEZ Y JAVIER ABAD 

Fuente:La Voz de Galicia